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  • Una institución financiada por un presupuesto -o que disfruta de un monopolio del que el cliente no puede escapar- es recompensada por lo que merece en lugar de por lo que gana. Se le pagan las "buenas intenciones" y los "programas". Se le paga por no alienar a importantes electores más que por satisfacer a un grupo concreto. Se le paga por "buenas intenciones" y "programas". Se le paga por no alienar a importantes electores en vez de por satisfacer a un grupo concreto.