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No soy una de esas personas que se sienta en la cena en su iPhone toda la noche. O estoy trabajando o no lo estoy. He seguido ese camino en el que duermes con el teléfono al lado de la cama y envías un correo electrónico justo antes de bajar la cabeza y vuelves a comprobarlo todo cuando te despiertas, y no me gusta.