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Somos más que nuestros problemas. Incluso si nuestro problema es nuestro propio comportamiento, el problema no es lo que somos, sino lo que hicimos. No pasa nada por tener problemas. Está bien hablar de los problemas, en los momentos adecuados y con personas seguras. Está bien resolver los problemas. Y estamos bien, incluso cuando tenemos, o alguien a quien queremos tiene un problema. No tenemos que renunciar a nuestro poder personal ni a nuestra autoestima. Hemos resuelto exactamente los problemas que necesitábamos resolver para llegar a ser quienes somos.