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Todos hemos experimentado momentos en los que, en lugar de ser zarandeados por fuerzas anónimas, nos sentimos dueños de nuestros actos, dueños de nuestro destino. En las raras ocasiones en que esto sucede, sentimos una sensación de euforia, un profundo sentimiento de disfrute que se atesora durante mucho tiempo y que se convierte en un hito en la memoria de cómo debería ser la vida... momentos como estos no son los momentos pasivos, receptivos y relajanteslos mejores momentos suelen ocurrir cuando el cuerpo o la mente de una persona se ponen al límite en un esfuerzo voluntario por lograr algo difícil y que merezca la pena.