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La mayoría de nosotros nos quedamos tan rígidamente anclados en los surcos labrados por la programación genética y el condicionamiento social que ignoramos las opciones de elegir cualquier otro curso de acción. Vivir exclusivamente según instrucciones genéticas y sociales está bien mientras todo vaya bien. Pero en el momento en que los objetivos biológicos o sociales se ven frustrados -lo que a la larga es inevitable-, la persona debe formularse nuevos objetivos y crear una nueva actividad de flujo para sí misma, o de lo contrario siempre malgastará sus energías en agitación interior.