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Mi corazón se llenó de gratitud, de agradecimiento, y se dirigió con amor a todos los héroes, a los pensadores que dieron su vida por la libertad de la mano y del cerebro... a todos los sabios, los buenos, los valientes de todas las tierras, cuyos pensamientos y actos han dado la libertad a los hijos de los hombres. Y entonces juré agarrar la antorcha que ellos habían sostenido, y mantenerla en alto, para que la luz pudiera vencer aún a la oscuridad.