-
La meditación me ha hecho feliz, cariñosa y pacífica, pero no en todos los momentos del día. Sigo teniendo buenos y malos momentos, alegrías y penas. Ahora puedo aceptar los reveses con más facilidad, con menos sensación de decepción y fracaso personal, porque la meditación me ha enseñado a afrontar la profunda verdad de que todo cambia constantemente.