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Sabemos dónde reside la mayor parte de la creatividad, la innovación, lo que impulsa la productividad: en la mente de las personas más cercanas al trabajo. Ha estado ahí delante de nuestras narices todo el tiempo, mientras nosotros íbamos de un lado a otro persiguiendo robots y leyendo libros sobre cómo convertirnos en japoneses, o al menos gestionar como ellos.