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Todos tenemos un gran número de áreas en las que no tenemos talento ni habilidad y pocas posibilidades de llegar a ser siquiera mediocres. En esas áreas un trabajador del conocimiento no debería aceptar trabajos, empleos y encargos. Se necesita mucha más energía para pasar de la incompetencia a la mediocridad que para pasar del rendimiento de primera categoría a la excelencia.