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Cuando observo cómo se produce ese apego, veo las creencias que tengo a su alrededor. Si alguien no me presta atención de cierta manera, en mi mente significa que no me quiere o que no me respeta. Tomar conciencia de las creencias que subyacen al apego y de la forma en que mi cuerpo y mi corazón se tensan me ayuda a despertar y a volver a habitar un espacio más amplio del ser. Puede que siga aferrándome y alejándome, pero soy más libre para responder de forma saludable.