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  • Una de las razones por las que amo la oración es que es un antídoto contra la culpa y la culpabilización. Si no estamos contentos con la forma en que hemos actuado o nos han tratado, en lugar de sumirnos en la autorrecriminación, por un lado, o de albergar mala voluntad hacia otra persona, por otro, la oración nos da una salida del círculo de la culpa y la culpabilización. Sacamos a la luz nuestros sentimientos dolorosos y decimos: "He hecho mal" o "Me han hecho daño". Y luego pedimos una visión más amplia, que contenga todo el perdón que necesitamos para seguir adelante.