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Somos grandes misterios. Por mucho que nos imaginemos que podemos saber, por muchos datos que podamos reunir, no nos conocemos. Nunca lo hacemos, probablemente nunca lo haremos. Nuestras reputaciones dependen de las opiniones de los mal informados. Todos tenemos mejores momentos de los que nadie conoce, y también todos los demás. Somos, cada uno de nosotros, libros que leen críticos que sólo echaron un vistazo a los títulos de los capítulos y a la solapa de la sobrecubierta. Cada uno de nosotros es un secreto, y sobre esa base debemos tratarnos con el más profundo respeto.