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El profeta que no presenta una alternativa soportable y, sin embargo, predica la perdición, forma parte de la trampa que postula. No sólo nos imagina atrapados en una tremenda trampa hecha por el hombre o por Dios de la que no hay escapatoria, sino que además debemos escucharle día tras día describir cómo la trampa se va cerrando inexorablemente. La raza humana, tal como está criada, educada y situada en la actualidad, es incapaz de escuchar tales profecías. Así que algunos bailan y otros se inmolan como antorchas humanas; algunos toman drogas y algunos artistas derraman su creatividad en conjuntos de puntos colocados al azar sobre un suelo blanco.