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Si afrontamos nuestros sentimientos desagradables con atención, afecto y no violencia, podemos transformarlos en un tipo de energía que es saludable y tiene la capacidad de nutrirnos. Mediante el trabajo de la observación consciente, nuestros sentimientos desagradables pueden iluminarnos mucho, ofreciéndonos comprensión y entendimiento de nosotros mismos y de la sociedad.