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Observamos la creciente grosería del lenguaje y comprendemos cómo debió de sentirse Lot cuando se sintió, según Pedro, "irritado por la conversación soez de los impíos" (2 Pedro 2:7). (2 Pedro2:7.) Nos preguntamos por qué los de conversación grosera y profana, aunque se nieguen a obedecer la voluntad de Dios, están tan atrofiados mentalmente que dejan que su capacidad de comunicación se estreche cada vez más. El lenguaje es como la música; nos regocijamos en la belleza, el alcance y la calidad en ambos, y nos degradamos por la repetición de unas pocas notas agrias.