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Hasta que podamos insertarnos un USB en la oreja y descargar nuestros pensamientos, el dibujo sigue siendo la mejor forma de plasmar la información visual en la página. Dibujo como un collagista, yuxtaponiendo imágenes y estilos de marcado de muchas fuentes. El mundo que dibujo es el paisaje interior de mis obsesiones personales y de las culturas que he absorbido y adaptado, desde el arte popular letón hasta las pantallas japonesas. Trazo pensamientos con un bolígrafo. Dibujo una iglesia de duela o a alguien de la revista ¡Hola! no porque quiera reproducir su aspecto, sino por el significado que aportan a la obra.