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No hace falta ser marxista para asombrarse ante la magnitud y el éxito de los esfuerzos de principios del siglo XX por transformar a los seres humanos de voluntad fuerte en dóciles empleados.
No hace falta ser marxista para asombrarse ante la magnitud y el éxito de los esfuerzos de principios del siglo XX por transformar a los seres humanos de voluntad fuerte en dóciles empleados.