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Palabras budistas como compasión y vacío no significan gran cosa hasta que empezamos a cultivar nuestra capacidad innata de simplemente estar ahí con el dolor, con el corazón abierto y la voluntad de no tratar instantáneamente de poner tierra de por medio. Por ejemplo, si lo que sentimos es rabia, solemos asumir que sólo hay dos formas de relacionarnos con ella. Una es culpar a los demás. Echarle toda la culpa a los demás. La otra alternativa es sentirnos culpables de nuestra rabia y culparnos a nosotros mismos.