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Lo que nos mueve al orgullo o a la vergüenza no es el mero reflejo mecánico de nosotros mismos, sino el efecto imaginado de este reflejo en la mente de otro.
Lo que nos mueve al orgullo o a la vergüenza no es el mero reflejo mecánico de nosotros mismos, sino el efecto imaginado de este reflejo en la mente de otro.