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  • El progreso material y un nivel de vida más alto nos aportan mayor comodidad y salud, pero no conducen a una transformación de la mente, que es lo único capaz de proporcionar una paz duradera. La felicidad profunda, a diferencia de los placeres efímeros, es de naturaleza espiritual. Depende de la felicidad de los demás y se basa en el amor y el afecto.