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  • Pasamos demasiado tiempo preguntándonos qué habrán pensado los demás de nuestro atuendo o del comentario que hicimos en la reunión del grupo pequeño. Vemos oportunidades para testificar de Cristo, pero las evitamos. Estamos más preocupados por parecer estúpidos (temor a la gente) que por actuar pecaminosamente (temor al Señor).