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En lo que a mí respecta, la poesía y cualquier otro arte ha sido, es y será siempre una cuestión de individualidad... Si la poesía es tu meta, tienes que olvidarte de todos los castigos y de todas las recompensas y de todas las autodenominadas obligaciones y deberes y responsabilidades etcétera ad infinitum y recordar una sola cosa: que eres tú -nadie más- quien determina tu destino y decide tu suerte. Nadie más puede estar vivo para ti; ni tú puedes estar vivo para nadie más... Ahí está la responsabilidad del artista; y la responsabilidad más terrible de la tierra.