-
A menudo dices: "Daría, pero sólo a quien lo mereciera". No lo dicen los árboles de tu huerto, ni los rebaños de tus pastos. Ellos dan para poder vivir, porque retener es perecer.
A menudo dices: "Daría, pero sólo a quien lo mereciera". No lo dicen los árboles de tu huerto, ni los rebaños de tus pastos. Ellos dan para poder vivir, porque retener es perecer.