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  • La lujuria que impulsa a otros a esclavizar a un imperio, se había convertido, en sus límites, en una pasión de poder sobre él. Se había propuesto quebrarlo, como si, incapaz de igualar su valor, pudiera superarlo destruyéndolo, como si la medida de su grandeza se convirtiera así en la medida de la suya, como si el vándalo que destrozara una estatua fuera más grande que el artista que la había hecho, como si el asesino que matara a un niño fuera más grande que la madre que lo había parido.

    Ayn Rand (2016). “Atlas Shrugged”, p.745, Hamilton Books