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  • Entra en la mayor explotación ganadera, busca el establo o corral más oscuro y diminuto, escoge el corderito, cerdo o ternero más sucio y desamparado, y esa es una de las criaturas de Dios que estás viendo, moralmente indistinguible de tus queridos Fluffy o Frisky.

    Matthew Scully (2003). “Dominion: The Power of Man, the Suffering of Animals, and the Call to Mercy”, p.44, Macmillan