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En la quietud de la noche, la Diosa susurra. En el resplandor del día, el querido Dios ruge. La vida pulsa, la mente imagina, las emociones ondean, los pensamientos vagan. ¿Qué es todo esto sino los interminables movimientos de Un Sabor, siempre jugando con sus propios gestos, susurrando en voz baja a todos los que quieran escuchar: no eres tú mismo? Cuando ruge el trueno, ¿no oyes a tu Ser? Cuando estalla el relámpago, ¿no ves a tu Ser? Cuando las nubes flotan tranquilamente en el cielo, ¿no es tu propio Ser ilimitado el que te saluda?