-
Todos nos hemos enfrentado a dolorosos retos éticos antes incluso de saber deletrear nuestros nombres. Hubo decisiones difíciles. Compromisos. Señales confusas sobre cómo vivir la vida. Y aquí estamos, hoy, luchando todavía. Intentando resolver las cosas. Intentando abrirnos camino en la vida de forma eficaz. Lo único que ha cambiado es el alcance del problema. Ahora hay más en juego. Y estamos en posición, como adultos, de hacer mucho más -bueno o malo- por nosotros mismos, por nuestra organización, por nuestro mundo. Pero aún debemos luchar con nuestra ética imperfecta.