-
Una mujer que puede comerse una bruschetta de verdad es una mujer a la que puedes amar y que puede amarte. Alguien que aparta la cosa porque está sucia nunca va a cacarearte desdentadamente a través del salón de tu casita de retiro o arrastrarte de vuelta de tu sexto ataque al corazón por puro afecto furioso. Nunca ocurrirá. Para eso necesitas una mujer a la que no le asuste el aceite de oliva.