-
La autocrítica no es "amor" y, desde luego, no es indiferencia. Es una forma de odio. Y cuando le pongo nombre a eso, cuando lo veo por lo que es (crudo e incómodo y entristecedor), cuando me niego a endulzar la autocrítica, el juicio, la agitación y el intento constante de mejorarme a mí mismo, entonces estoy un salto cuántico más cerca de la libertad.