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Lo sorprendente es que sus adversarios ideológicos, los marxistas -los antiliberales, los representantes de las clases trabajadoras oprimidas- creían en el progreso al menos con tanta pasión como los liberales.
Lo sorprendente es que sus adversarios ideológicos, los marxistas -los antiliberales, los representantes de las clases trabajadoras oprimidas- creían en el progreso al menos con tanta pasión como los liberales.