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  • El hecho es que relativamente pocos fotógrafos llegan a dominar su medio. En lugar de ello, dejan que el medio les domine a ellos y se lanzan a una interminable caza de ardillas: de un nuevo objetivo a un nuevo papel, de un nuevo revelador a un nuevo artilugio, sin quedarse nunca con un equipo el tiempo suficiente para aprender todas sus capacidades, perdiéndose en un laberinto de información técnica que les sirve de poco o nada, ya que no saben qué hacer con ella.