-
La pertenencia empieza por la aceptación de uno mismo. Tu nivel de pertenencia, de hecho, nunca puede ser mayor que tu nivel de autoaceptación, porque creer que eres suficiente es lo que te da el valor para ser auténtico, vulnerable e imperfecto. Cuando no tenemos eso, cambiamos de forma y nos convertimos en camaleones; buscamos a toda prisa la valía que ya poseemos.