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  • Insistimos en ser Alguien, con mayúscula. Nos da seguridad definirnos como despreciables o dignos, superiores o inferiores. Perdemos un tiempo precioso exagerando o idealizando o menospreciándonos con la complaciente certeza de que sí, eso es lo que somos. Confundimos la apertura de nuestro ser -la maravilla y la sorpresa inherentes a cada momento- con un yo sólido e irrefutable. Debido a este malentendido, sufrimos.