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  • No parecía posible que Wendy Wright hubiera nacido de sangre y órganos internos como las demás personas. Cerca de ella se sintió como un niño en cuclillas, aceitoso, sudoroso, inculto, con el estómago revuelto y la respiración entrecortada. Cerca de ella se dio cuenta de los mecanismos físicos que le mantenían con vida; en su interior, la maquinaria, las tuberías, las válvulas, los compresores de gas y las correas de los ventiladores tenían que esforzarse en una tarea perdedora, una labor condenada al fracaso. Al verle la cara, descubrió que la suya era una máscara chillona; al ver su cuerpo, se sintió como un juguete de cuerda de baja calidad.

    Philip K. Dick (2012). “Ubik”, p.62, Houghton Mifflin Harcourt