-
Cada día Dios nos invita a la misma clase de aventura. No es un viaje en el que Él nos envía un itinerario rígido, simplemente nos invita. Dios nos pregunta qué es lo que nos ha hecho amar, qué es lo que capta nuestra atención, qué alimenta esa profunda necesidad indescriptible de nuestras almas de experimentar la riqueza del mundo que Él hizo. Y luego, inclinándose sobre nosotros, nos susurra: "Hagámoslo juntos".