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Uno de los pesados bustos de mármol que cubrían los estantes más altos se había soltado y caía hacia ella; ella se apartó de su camino y el busto golpeó el suelo a escasos centímetros de donde se encontraba, dejando una considerable abolladura en el suelo. Un segundo después, Jace la rodeó con los brazos y la levantó. Estaba demasiado sorprendida para luchar mientras él la llevaba hasta la ventana rota y la arrojaba sin contemplaciones por ella.