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  • Al menos eso decía su nota, junto con un mordaz recordatorio de que los platos no se lavaban solos y que el hongo del baño estaba a un día de convertirse en vida sensible. Doblé la nota en forma de avión y la hice volar por la habitación. Acabó posada alegremente sobre el antiguo televisor. Quedaba bien allí y la dejé como homenaje a los hongos amantes de la libertad de todo el mundo.

    Rob Thurman (2006). “Nightlife”, p.34, Penguin