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  • Las hojas de otoño brillan con sus tonos dorados y rojos. Puedes cogerlas con la mano y admirarlas, asombrarte de su singularidad y gloria. Pero al final desaparecen, se vuelven marrones, se desmoronan y el viento las dispersa. Pero el árbol permanece. El árbol es lo importante. El árbol sigue vivo. Era un conocimiento difícil de soportar, y una vida aún más difícil de vivir. Claro que ser la hoja tampoco era precisamente deseable.