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Es como el viajero sediento que al principio buscó sinceramente el agua del conocimiento, pero que más tarde, habiéndola encontrado tal vez sin más, procedió a templar su copa con la sal de la duda, de modo que su sed se vuelve ahora insaciable aunque beba sin cesar, y que al beber así el agua que no puede saciar su sed, ha olvidado el propósito original y verdadero para el que se buscaba el agua.