-
Mi hija volvió a chillar y tanto Bubba como yo hicimos una mueca. No es un sonido atractivo. Es agudo y entra en tus canales auditivos como vidrio caliente. Por mucho que quiera a mi hija, nunca me gustarán sus chillidos. O tal vez sí. Tal vez lo haga. Conduciendo por la 93, me di cuenta de una vez por todas, que amo las cosas que me irritan. Las cosas que me llenan de un estrés tan total que no puedo recordar cuando un bloque de él no descansaba encima de mi corazón. Amo lo que, si se rompe, no puede repararse. Lo que, si se pierde no puede ser reemplazado. Amo mis cargas.