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  • Sé una mujer de Cristo. Aprecia el lugar que ocupas a los ojos de Dios. Él te necesita. Esta iglesia te necesita. El mundo te necesita. La confianza permanente de una mujer en Dios y su devoción inquebrantable a las cosas del Espíritu siempre han sido un ancla cuando el viento y las olas de la vida eran más feroces.