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Alegrarse de las cosas ordinarias no es sentimental ni trillado. Hace falta valor. Cada vez que abandonamos nuestras quejas y permitimos que la buena fortuna cotidiana nos inspire, entramos en el mundo del guerrero.
Alegrarse de las cosas ordinarias no es sentimental ni trillado. Hace falta valor. Cada vez que abandonamos nuestras quejas y permitimos que la buena fortuna cotidiana nos inspire, entramos en el mundo del guerrero.