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  • En esta época, el mero ejemplo de inconformismo, el mero rechazo a doblar la rodilla ante la costumbre, es en sí mismo un servicio. Precisamente porque la tiranía de la opinión es tal que hace de la excentricidad un reproche, es deseable, para romper esa tiranía, que la gente sea excéntrica. La excentricidad siempre ha abundado cuando y donde ha abundado la fuerza de carácter; y la cantidad de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la cantidad de genio, vigor mental y valor moral que contenía. El hecho de que ahora sean tan pocos los que se atreven a ser excéntricos, señala el principal peligro de la época.

    John Stuart Mill (2003). “Mill's On Liberty”, p.81, Agora Publications, Inc.