-
Con sólo mirarlos me vuelvo ávida, como si fueran panes recién horneados esperando en sus estantes a ser abiertos -ese y ese- y hago mi elección en un estado de ánimo de suerte exaltada, hojeando entre ellos como una vaca en el pasto más dulce. Porque la vida es continua mientras esperan a ser leídos, esos caminos de tinta que se abren al futuro, página tras página, cada libro su propio horizonte en retroceso. Y yo los sostengo, uno en cada mano, un curioso lastre que me hace pesar aquí en la tierra.