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Aquellos cinco dedos y aquella palma eran como una vitrina repleta de todo lo que yo quería saber... y de todo lo que tenía que saber. Al cogerme la mano, me mostró qué eran esas cosas. Que en el mundo real existía un lugar como éste. En el espacio de esos diez segundos me convertí en un pajarillo que revoloteaba en el aire mientras el viento pasaba a toda velocidad. Desde lo alto del cielo podía ver una escena lejana. Estaba tan lejos que no podía distinguirlo con claridad, pero había algo allí, y supe que algún día viajaría a ese lugar.