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  • El amor ejercido mientras se descuida el deber hará que los niños sean testarudos, voluntariosos, perversos, egoístas y desobedientes. Si el deber severo se deja solo, sin amor para ablandarlo y vencerlo, tendrá un resultado similar. El deber y el amor deben mezclarse para que los niños puedan ser disciplinados adecuadamente.