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Aprender a leer y escribir tiene poco sentido si no se entiende lo que se está leyendo y escribiendo. Aunque lo hayamos olvidado, la mayor parte de nuestro aprendizaje temprano no procede de una enseñanza explícita, sino de la experiencia. Los niños no nacen sabiendo lo duro y lo blando, lo dulce y lo agrio, lo rojo y lo verde. Cuando el niño experimenta esas cosas, las transforma en conocimientos psicológicos. Cuando los niños juegan con otros niños, aprenden sobre los demás y sobre sí mismos. Aprender los fundamentos de nuestra realidad física y social es el objetivo de la primera infancia.