-
A veces las diferencias surgen en parte de una información incompleta. Somos finitos. Y debemos admitir que hay casos de incertidumbre. Pero a menudo las diferencias se exacerban debido a inclinaciones pecaminosas bajo la superficie, que nos inclinan a preferir nuestras propias ideas y a no someternos a lo que es menos cómodo. Debemos ser cautos a la hora de acusar a otra persona de pecado. No conocemos el corazón de la gente. Pero también debemos evitar ser ingenuos sobre la sutileza del pecado y los efectos corruptores del pecado en la mente -nuestra propia mente, no sólo la mente del otro-.