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Dios promete el Espíritu Santo a los que creemos en Cristo, y el Espíritu nos guía en la comprensión. Pero dentro de esta vida nuestro entendimiento es limitado, y contaminado por el pecado. Que una persona se sienta guiada por el Espíritu no significa que lo esté. El orgullo permanece, y nuestros corazones nos engañan fácilmente.