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Tomamos drogas porque queremos sentir una sensación de conexión, y buscamos a Dios por la misma razón. La búsqueda, independientemente de hacia dónde se dirija -unión divina o cocaína-, comienza con el dolor que produce creerse separado del amor. La clave es utilizar la práctica espiritual para volvernos hacia dentro, hacia la conciencia, que es lo que realmente somos.